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El manejo integrado de plagas (IPM) es una técnica que evalúa, a través de un programa unificado, todos los métodos de control de los que se disponen con el objetivo de neutralizar las plagas. Su misión es evitar los daños que estas puedan generar, tanto económicos como del medio ambiente, de una manera eficaz y minimizando los posibles riesgos para las personas, las explotaciones y el entorno.

Las plagas pueden presentarse en distintas versiones, no tienen que ser necesariamente insectos. Pueden ser también plantas invasoras, aves o cualquier otro organismo que produzca daños al cultivo y, por consiguiente, nos suponga un coste económico. Sus orígenes se remontan muchos años atrás, cuando se convirtió en una necesidad el dar respuesta a una serie de factores que condicionaban la producción agrícola. Entre estos factores destacarían, la resistencia de las plagas frente a los productos que se utilizaban para eliminarlas, los residuos procedentes de la gran cantidad de plaguicidas existentes, la contaminación del medio ambiente, el incremento de los costes necesarios para controlar las plagas, la alta dependencia y el hábito que tenía el agricultor al uso de productos químicos, así como el resurgimiento de ciertas plagas.

Ante esta preocupante situación, la solución pasa por implantar el manejo integrado de plagas, cuyos beneficios están más que demostrados. En primer lugar, favorece un control natural de las plagas, optimizando la producción y reduciendo los problemas ambientales, tales como la contaminación del suelo, el agua o incluso problemas de salud en humanos como consecuencia de la aplicación irracional y descontrolada de ciertas sustancias químicas.

Los métodos de control integrado se basan en la selección de técnicas de cultivo específicas, en el control natural de las plagas, manejándolas a través de agentes biológicos, así como en la elección de plaguicidas concretos, seleccionando la dosis más adecuada y racional para cada caso y el momento exacto de aplicación para lograr la mayor eficacia. El IPM no puede definirse como un único método de acción, sino que se compone de una serie de evaluaciones, controles y decisiones que deben llevar a cabo aquellos que lo implementan en su explotación.

Se necesita de un enfoque integral, en el que podemos diferenciar cuatro etapas:

1. Determinar los umbrales de acción: este punto implica establecer con exactitud el punto en el cual las poblaciones de plagas o las condiciones ambientales reflejan que se debe llevar a cabo una acción. El hecho de que identifiquemos una plaga en nuestro cultivo no indica necesariamente que se necesite de un control específico, por eso este paso es muy importante. Determinar si una plaga es realmente una amenaza es indispensable para guiar nuestras futuras decisiones respecto a ella.

2. Monitorear e identificar las plagas: tal como comentábamos en el apartado anterior, no todas las malezas, insectos u organismos van a precisar de un control específico. Algunos son totalmente inofensivos, e incluso en muchas ocasiones, beneficiosos. El control integrado sirve para identificar las plagas con precisión, ayudándonos en la toma de decisiones más apropiadas para cada caso. Con este método evitamos que los pesticidas se usen cuando realmente no son necesarios o que apliquemos un pesticida que no es el adecuado.

3. Prevención: como buscamos que las plagas no se conviertan en amenazas, podemos llevar a cabo una serie de acciones que disminuyen los riesgos de que esto ocurra. Por ejemplo, la rotación de cultivos, la elección de variedades que sean resistentes a las posibles plagas y la siembra de retoños libres de plagas. Estas opciones resultan muy eficaces y no suponen riesgo alguno ni para las personas ni para el medio ambiente. 

4. Control: si una vez realizados todos los pasos anteriores se concluye que es necesario llevar a cabo alguna acción de control, evaluaremos el método más apropiado en cuanto a la eficacia y al riesgo. Estos métodos pueden incluir químicos específicos, como por ejemplo las feromonas, que ocasionan trastornos en el apareamiento de las plagas, o el control mecánico, como serían las trampas. En ultima instancia, si nada nos está funcionando, se pueden aplicar métodos adicionales, como el rociado específico de pesticidas, aunque este debemos plantearlo como último recurso. 

Fuente: Agronature
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